sábado, 13 de julio de 2019

Odio a los millenias (2/2)

Pero aunque los odio mucho por eso, el principal motivo de mi odio es porque tienen Tinder.
Ustedes no saben lo difícil que era ponerla en mi tiempo.

Si uno conocía una chica, había que pasar una serie de pruebas antes de concretar. Había que, primero, obtener el número de teléfono.
Parece una estupidez, pero era dificilísimo, porque la señorita, por más que estuviera muerta con nosotros, sabía que dárnoslo era un gran paso. Era el comienzo del ritual de seducción, que estaba muy muy muy lejos del ritual de apareamiento, pero había que pasar por él.

Una vez conseguido el teléfono, había que llamarla. El teléfono era fijo. Y fijo que atendía su padre.

- Hola?
- Si, hola... está Mariela? (con el tono más amable e inofensivo que nos podía surgir)
- Quién habla? (con tono mezcla de autoridad y amenaza)
- Cerebrado... (en esa época no se usaba la arroba adelante)
- Qué Cerebrado?
- Un amigo...
- Y de dónde la conocés?
Aquí había que inventar rápido, porque no se uasaba planificar - Del club...
- Qué club?
- El del barrio - Aunque no tuviéramos ni idea dónde vivía.
- Mariela! Te llama un tal Cerebrado, tiene voz de medio boludo, lo conocés?
Y ahí rogábamos que la piba se acuerde de nosotros.

Luego de eso, eran horas interminables al teléfono. Nuestros padres nos cagaban a pedos porque se pagaba por minuto la llamada. Igual podías zafar hasta que Telecom  implementó la factura detallada de cuántos minutos se hablaban y a qué número. Botonazo.

Y finalmente llegaba el día.
De ponerla? Nooooo, todavía estaba lejos eso! De ir a su casa a que te conozca la familia.
Ahí sí, te bañabas, te ponías la mejor ropa que tenías, y hasta te ponías desodorante. Que se cague el agujero de ozono.

Llegabas a la hora del almuerzo, y el padre, para joderte, te trataba mal. Las primeras horitas nomás. Después había que llevar al hermanito a divertirse. Si tenías plata lo metías de cabeza a los arcades, también conocidos como fichines. Si no, estabas cagado. A la plaza, a los rayos del sol, a jugar a la mancha, al escondite, o a lo que puta se le ocurriera el pibe.
Volvías a la hora de tomar el té, como si hubieras estado en Kosovo. Y ahora a hablar con la madre. A contestar qué estudiabas, qué hacían tus padres, qué pensabas hacer de tu vida... - mire, no sé señora, yo sólo quiero culearme a su hija- pensabas, pero le decías que ibas a estudiar, y que tu sueño era encontrar la cura al cáncer.
Por supuesto, el té se tomaba bebido, sin tocar ni una factura ni un pastelito, no fuera a pensar que eras un muerto de hambre.
Luego de la merienda, a la tardecita, había que sacar a pasear el perro. Otra vez a la puta calle, pero ésta vez arrastrado por un dálmata del tamaño de un caballo que para complicártela se quería quedar a mear cada árbol que pasábamos y se quería culiar a cada perrita que veía.
Por suerte no se usaba la dichosa bolsita, porque cagaba como un dragón el hijo de perra.

Volver a la noche, a cenar, y tomarte el colectivo a tu casa, sabiendo que ese día se repetiría muuuuuchas veces antes de siquiera tocarle una teta.

Ahora con Tinder es otra cosa! El otro día almorzando con un primo milennial, le pido que me muestre eso de Tinder. Me muestra.
- ésta sí..., ésta sí..., ésta sí..., ésta no...
- Pará pará pará! Le dijiste a una que no!
- Si.
- Pero por quéeeee!?
- Cómo por qué?
- Si! Cómo le vas a decir que nó a una?
- Y... porque no me gustaba.
- Pero, pero, PERO...!
Claro, hablamos un lenguaje distinto. En mi época, uno salía con la que te diera bola. Ni por asomo le decías que no a una chica.
- Y listo. Esperamos un rato y vemos. Si le gusto a alguna, me va a aparecer acá, y ya le puedo hablar.

Yo pensé que se estaba mandando la parte. Cuando joven, yo creé un canal de chat en el IRC. Se chateaba de forma anónima por MESES antes de concretar una cita. "Un rato" dice el mocoso. JA!

Pero efectivamente, 27 cronometrados minutos después, tenía dos coincidencias.
- Mirá, ahora le escribo a una... - me dijo.
Y le puso: "hola, te cabe sexo en la primera cita?" el muy animal.
Yo me reí a carcajadas de semenjante bestialidad.
- Noooo querido! Así no se le habla a una mujer! Tenés que empezar por preguntarle cosas y hacer como que te importa, buscar temas en común! No tenés idea del arte del cortejo...
Y estaba a punto de darle una lección al imberbe éste, pero me tuve que callar: "Si, claro" le contestó la chica.

Por eso los odio. Sin esfuerzo, sin imaginación... y en medio de la abundancia.

El diálogo siguió:
- Dónde vivís? -escribió mi primo.
- En Belgrano
- Ahh, ok. Más tarde hablamos.

Yo no entendía nada. Cómo que más tarde? Ya le dijo que sí, qué esperaba el inútil éste para ir?
Se vé que mis ojos desorbitados, mi mandíbula abierta y mi baba cayendo le dieron una pista.
- Es muy lejos - me dijo.
- MUY LEJOS?! HIJO DE PUTA! Son 20 minutos en tren!
- Seee, por eso...

Cómo no odiarlos!

Me vino a la cabeza la época en que andábamos con las hormonas revolucionadas. Yo vivía en un pueblo chiquito de Jujuy, en donde era imposible enganchar una señorita local por el famoso "qué dirán". Entonces, había que salir de ahí. Ampliar el coto de caza.
La primera opción era San Antonio. Un pueblo a 7 kilómetros del mío, que  constaba de 2 calles de mas o menos un kilómetro de largo. Una para ir otra para volver. Si uno pasaba por ahí en invierno, probablemente hubiera pensado que era un pueblo fantasma, si no fuera por el policía de 200 kilos que casi siempre estaba tomando un vino en la puerta de la comisaría.
Pero en verano la cosa cambiaba. Ese paraje se convertía en una villa veraniega y venían chicas de otros lugares mucho más lejanos, como de otro continente... o de la provincia de Salta.

La vida bullía en verano... pero de noche, porque durante la siesta de Jujuy (pleno trópico de Capricornio) el sol pega tanto que las lagartijas se escupen las patas para cruzar la calle.

Entonces, de día, las adolescentes se pegaban un aburrimiento mortal y ahí es donde aprovechábamos mi amigo y yo para hacer nuestra jugada.
Como no teníamos auto, recorríamos los 7 kilómetros, en la siesta, bajo el sol de Jujuy, en bici.
Yo tenía una Fiorenza rodado 14 roja, a la que ya le faltaban los guardabarros y el portaequipaje. Decíamos que los sacábamos para que fueran mas aerodinámicas, pero la verdad es que se habían hecho pingo hacía tiempo. La de él era igual, pero verde.
Llegábamos a la casa de la señorita (sí, a los dos estúpidos nos gustaba la misma), transpirados y deshidratados. Por suerte la madre de la misma, con tal de que los hijos la dejaran dormir la siesta, nos ponía un sifón de soda a cada uno y desaparecía.
Charlábamos tratando de ganar la simpatía de la dama. Y luego nos volvíamos, cuando el sol iba bajando. Sin jamás tener ni la más remota esperanza de tocarle siquiera una teta eh? No no. Todo ese esfuerzo era para ver si accedía a ser nuestra novia primero.

Porque, como dije,  para garchar tenían que ser novias... como mínimo.

Hasta que un día se rompió mi bici... y fuimos corriendo. Mirá si la falta de rodado iba a detener nuestro ímpetu.
Y así días tras día corríamos 14 kilómetros para cortejar, entendés? Y mi primo no quería tomar un tren por 20 minutos para ir directamente a coger!
Mi odio es prufndo como la fosa de las Marianas mirá.

Para no dejarlos sin final en la historia, finalmente la mina no nos dió bola a ninguno y dejamos de ir.
Doloroso? Para nada! Estábamos tan acostumbrados al rechazo que al otro día estábamos poniendo la mira en otra chica.
Tristemenete solo la mira poníamos.

Había alguna que otra artimaña para destacarse del resto de la manada. Una de esas era la moto.
La moto te distinguía. Si tenías una moto, tenías todo lo que las guachas quieren.
Y yo tuve un amigo que tenía moto.
Claro que todo poder conlleva una grn responsabilidad. No era mágico, no. Había que aprender a usarla.
La primera vez traté de combinarla con la caballerosidad. Luego de invitar a pasear a una señorita le ofrecí subir a la moto antes que yo.
Craso error. Luego de que ella estuviera acomodada, quité la patita de apoyo y la moto quedó sostenia en su posicion vertical sólo por las puntitas de los pies de la dama.
Acto seguido yo debía levantar la pierna, pasarla por sobre el asiento, entre la señorita y el tanque de nafta y quedar en posición para emprender el viaje. Parecía sencillo, pero muchas cosas podían fallar. Y fallaron.
El problema pudo haber sido que que la moto era un poco alta, o que quedaba poco espacio para que yo entrara entre la señorita y el tanque de nafta, o que el jean no era muy elástico...
El caso es que al levantar la pierna y pasarla en el mismo impulso, no obtuve suficiente altura y pateé la moto (que repito se sostenía endeblemente en posición vertical) cayéndose ésta hacia un costado, sobre la dama.
No fue lo peor. Yo seguí cayendo hacia adelante desequilibrado, y en un último instante, casi en el aire, pude reaccionar moviendo una pierna hacia adelante para no pisar la moto, pero no pude evitar caer sobre la pierna de la niña, que había quedado mitad sobre el cordón, mitad en la calle.

Fractura expuesta, y no la puse. Aunque no me hubiera importado, digamos todo.

En el segundo intento traté de ser sabio y aprender de la experiencia. Así que le dije a la señorita, que por favor esperara a un costado, que yo subía primero.
Repasemos: Uno, levantar la pierna lo más alto posible, para no pater la moto. Dosuna vez montado, recién ahí quitar la patita de apoyo, sostener firmemente la moto con las piernas y esperar las tetas en la espalda.
Con ese plan (y muy concentrado en no cagarla) tomé el manubrio con la mano izquierda mientras levantaba la pierna con el máximo impulso que podía, dibujando en el aire  un semicírculo perfecto, envidia de cualquier bailarina clásica, por sobre el asiento de la moto, un poco alto a decir verdad... que terminó abruptamente con mi empeine en su oreja. La muy pelotuda estaba para PEGADA a la moto, podés creer?

Patada giratoria y knockout. Tampoco la puse. Y tampoco me hubiera importado, venido al caso.

Recién el tercer intento fue mucho mas fructífero. Ésta vez logramos sentarnos los dos en la moto.
Pero algo no encajaba: Había tenido suerte esa vez y la dama tenía una glándulas mamarias de tamaño superior a la media... pero yo no las sentía en mi espalda.
Supuse que tomando un poco de velocidad, las acercaría, simplemente para convertirnos en una masa más aerodinámica, así que aceleré la moto...
Lo siguiente lo recuerdo en cámara lenta:
La moto avanzó al mismo tiempo que ví sus pierna ascender por ambos lados, al costado de mis brazos.
Sentí sus uñas arañándome la espalda, estirando mi ropa y soltándola de golpe.
Escuché un golpe seco contra el asfalto. Cráneo, seguro.
Miré por el rabillo del ojo a sus amigas poner cara de susto y a su hermano y amigos venir hacia mí con malas intenciones.
No frené. No me dí vuelta. Aceleré. Volví a la casa de mi amigo, le devolví la moto y me fuí a mi casa a hacerme una buena paja usando esa vieja revista, con cuidado de no tocar esas manchas de huevo frito con mayonesa, cebollas, shampú, yerba y mocos entre las hojas.


sábado, 22 de junio de 2019

Odio a los millenias (1/2)

Soy un pre-milennial y odio a los adolescentes milennials.
No es un odio cualquiera, es el peor de los odios: El odio por envidia.
Los envidio mucho y por eso los odio mucho.

Escucho gente decir "pobre milennials, mirá cómo está el mundo que les tocó vivir".
Y yo me pregunto... qué mundo? Éstos tipos con suerte no tienen ni que tirar una cadena después de cagar! Aprietan un botón! Y en alguno países ni eso... se levantan, se limpian el culo (sí, todavía lo tienen que hacer a mano, "pobres"), y se van. El inodoro solito tira el agua.
Y eso es lo menos automático que tienen! Mi vieja me hacía pasar el "mechudo" (una especie de mopa, mojada en kerosenne) por el suelo de ladrillo TODOS LOS PUTOS DÍAS! Odiaba esa mopa, ese piso, los ladrillos, todo. Pero los milennials no, ellos tienen aspiradoras robot.
Y así con todo!! Heladeras que con grifos de agua fría, aries acondicionados, piscinas desinfectadas, abrigos de polar! Sabés cómo picaba en el cuello la polera de lana gruesa que te tejía tu vieja? Nada que ver con el polar suavecito de ahora... Por suerte para emparejar la cosa hay algunos alérgicos al polar. QUE SE CAGUEN.

Cuando esgrimo todos éstos argumentos, esa misma gente me dice "sí, pero yo me refería al medio ambiente... los plásticos en los mares..."
Qué me vienen a hablar de los plásticos que tardan cientos de años en desintegrarse! Por favor! Si es una cagada, pero seguro que alguno de nosotros, los pre-milenials, ya están trabajando en una manera de resolver ese problema. Porque no esperen que los milennials resuelvan algo eh? Son unos inútiles que tienen todo servido. Pero no es ese el punto. El problema de los plásticos va a suceder en un futuro a mediano plazo. No se compara con predicciones catastróficas que vivimos nosotros! O no se acuerdan del famoso Agujero de Ozono? Siiii, ese agujero por el que se estaba yendo el oxígeno y si no se cerraba nos quedábamos sin aire y sin atmósfera, muriéndonos todos asfixiados o rostizados. Ese era un verdadero problema. Inmediato!
Andábamos todos con olor a chivo porque los desodorantes agrandaban el agujero.

Pero el motivo por el que los odio es mucho más banal. Los odio porque tienen porno gratis.

Hoy ellos agarran internet, escriben "culo teta concha" y listo. A cascarse. Instantáneo.
Y si les cortan la luz? Salen a la calle, pasan por cualquier revistería, miran, retienen, van rápido rápido a sus casas, entran al baño, y a cascarse.

Para nosotros era mucho, pero MUCHO más difícil!
Primero, no teníamos internet. Segundo, las revistas estaban en exhibición, si, pero con un plástico negro que sólo dejaba ver, a veces, los pelos -de la cabeza, eh!- de la chica de tapa.
Cómo lo solucionábamos? Un adulto tenía que comprar una revista por nosotros, pero estába muy mal visto comprarlas! Yo tuve suerte en ese sentido porque en mi grupo de amigos había uno con el padre viudo. Me atrevo a decir casi con seguridad que en casa de todo viudo había revistas pornográficas.
Era cuestión de saliera de su casa un momento para que empezáramos a buscar la revista del mes.
No, no. No había muchas porque el viejo, cuando compraba una nueva, TIRABA la anterior. Claro, porque él la podía ver cuando quisiera y seguramente la había gastado a miradas. Si habremos pasado horas rebuscando en la basura... porque hasta eso era difícil. No se separaba papel, plástico, orgánico... no no. Todo era un menjunje viscoso y asqueroso. Jamás estaban en buen estado. La que mejor estaba teníamanchas de  huevo frito con mayonesa, cebollas, shampú, yerba y mocos entre las hojas.

Pero bueno, teníamos la del mes! La primera vez que la veíamos era como descubrir un tesoro. Todo un ritual. Con lo poco que tardábams en eyacular, podría habernos durado tranquilamente un año. Pero no. La primera vez era con armas enfundadas. Se pasaban las páginas leeeeeentameeeeeente. La idea era fijar las imágenes, para usarlas luego cuando la revista no estuviera disponible.
Terminada de hojear la revista, entonces sí, se hacía el sorteo para determinar el orden de uso. Era muy importante, porque si te tocaba entre los últimos podía no darte tiempo si el dueño de la revista llegaba antes a casa. Aunque si ocurría ésto, el que estaba en el baño la pasaba peor, porque, en pos de dejar la revista exactamente donde estaba lo más rápido posible, era indefectible interrumpido abruptamente en la faena.

Una tristeza todo.


viernes, 29 de marzo de 2019

Genio

Iba caminando desde el trabajo a tomar el tren como todos los días, ya cerca de la estación San Martín en Retiro, cuando un objeto que no correspondía a la escena habitual llamó mi atención: un lámpara tirada en la vereda. Era una lámpara de esas viejas a kerosene, que mi padre solía llamar "sol de noche".
No sé por qué la levanté. Quizás si la limpiaba un poco se la podía regalar a mi viejo y le trajera algún recuerdo lindo. La lámpara se sentía sucia en mis manos. La froté un poco, esperando encontrar un agujero u óxido que la declarara indefectiblemente basura irrecuperable, pero no, parecía estar bien. Levanté la cabeza, pensando en seguir mi camino, y frente a mí lo ví: Un hombre de raza afroamericana, flaco y alto. Tenía los labios, nariz y orejas llenas de aros, unos pantalones muy anchos, y un chaleco brillante.
Me habló en un español deformado, que en mi fantasía sonó a lengua muerta. Ovbiamente no era de por aqui. Mi media sordera y el bullicio del tránsito tampoco iban a ayudar en la comunicación.
Me acerqué un poco más, poniendo mi dedo índice detrás de mi oreja, indicándole que no había escuchado bien. Entonces, sacó un paraguas -que no me había percatado que llevaba-, lo abrió y del mismo aparecieron colgados cientos -calculo- de collares, aros, cadenitas y similares.
- Vendo barato - Me dijo, todavía con acento extraño, pero perfectamente entendible.
- No gracias - Dije yo, pensando en cómo harían los africanos para llegar a Argentina, a convertirse en vendedores ambulantes, y pasé a su lado dispuesto a seguir mi camino.
- Zapatillas también - Le escuché decir mientras me alejaba y me perdía entre la gente.

Durante el viaje, medio que me arrepentí de ir cargando con ese trasto viejo, que seguramente no iba a restaurar nunca e iba a terminar en la basura de todas maneras.

Llegué a casa, me cambié de ropa, fui al patio con la lámpara y commence a limpiarla lo mejor que podía, pero iba a requerir más trabajo para que quedara como yo imaginaba que debía quedar.
Mientras lo hacía, me percaté que la lámpara no estaba completa: Faltaba la perilla.
Fuí hasta la caja de herramientas a buscar una pinza para probar que le mecanismo girase todavía, no fuera a ser cosa de que trabajara para dejarla linda y la rosca estuviera trabada o rota. Traje la pinza, y usando muy poca fuerza giré un poco el mecanismo... y todos los sonidos cesaron.
Se hizo tal silencio que era imposible no percatarse del mismo.
Luego, un humo azul comenzó a  salir de la lámpara, llenando el patio. Cuando se disipó, había un hombre en mi patio. Vestido con túnicas y turbante. Las manos y orejas llenas de anillos. 
Mi primera reacción fue instintiva: Agarré la lámpara y describiendo un arco con todo el brazo extendido se la estrellé en la cabeza.
- Paráaaaa, paráaaaaa.... qué hacés!?? -Me dijo, retrocediendo y quejándose del dolor.
- Qué hacés en mi casa? - Le pregunté, en tono amenazante, blandiendo la lámpara con las dos manos, y dispuesto a zamparle otro golpe dí un paso hacia él.
- No, no! - suplicó, con los ojos desorbitados y los dos brazos extendidos hacia adelante, mostrándome las palmas de sus manos - Soy el genio de la lámpara!! No conocés la historia de Aladino?
Por supuesto que la conocía, pero de ahí a creer que fuera cierta había un trecho largo. No contesté, pero pensé: - Ojalá fuera cierto.
- Claro que es cierto - Me dijo.
Escéptico cmo soy, sin decir nada, pensé en un elefante azul andando en patines.
- Un elefante azul andando en patines - Dijo.
Entonces pensé en un dinosauio T-Rex gigante, en el espacio, calentándose las nalgotas de espaldas al sol.
- Un T-Rex en el espacion calentándose la cola con el sol – dijo nuevamente.
Y me convenció.

- Así que sos un genio?
- Si.
- Y cumplís 3 deseos?
- Sí, así funciona.
- Ok. El primero, quiero que se mueran todos los pedófilos.
- QUÉ?
- Si, que se mueran todos los pedófilos, y los que sacan las fotos, y los que hacen videos, y los que los distribuyen. En fin, todos los que estén relacionados con la explotación sexual de los niños.
- No.... no puedo hacer eso.
- Por qué no?
- No podés pedir ningún deseo que tome la vida de alguien más.
- Ah no? Quién puso esa regla? 
- Erhhhh... no sé.
- Y cumplís las reglas sin saber quién te las puso?
- Y... sí.
- Y qué pasa si rompés esa regla'
- No puedo romperla. Simplemente mi magia no funciona. Creés que sos el primero que me pide que mate a alguien?
- Uhmmmm. Ok. Entonces quiero que crees vida. Eso si se puede, no?
- Eh? No entiendo.
- Claro, quiero que crees un virus incurable.
- Eh?
- Si! Se transmite de dos maneras: La primera es aérea, de esa manera infectará a todos los seres humanos del mundo. El virus infectado vía aérea debe detectar si hay otro virus en el host. De no ser así, es decir, es el primer host que infecta, debe permanecer activo 18 años. Luego pasar a estado inactivo. De esa manera, los bebés y niños tendrían el virus ativo por 18 años y los mayores de 18 lo tendrían inactivo.
- Sigo sin entender...
- La segunda vía de contagio es por transmisión sexual. Si el virus se contagia por ésta vía y está activo y detecta una cepa de virus inactivo en el host, ataca el sistema nervioso, destruyéndole el cerebro.
- Entonces, todo adulto que tenga relación sexual con un menor de 18 años quedaría en estado vegetativo... ES LO MISMO QUE ME PEDISTE EN EL PRIMER DESEO!!!
- Nop. Te estoy pidiendo crear vida.
- No!! Tampoco puedo hacer eso!
- Me lo hubieras dicho antes! Me toca el genio de la lámpara resulta que no puede hacer nada!!
- Pero no podés pedir algo más normal?
- Como qué?
- No sé.... una montaña de oro!
- Y dónde la pongo?
- El qué?
- La montaña! Sabés que el tamaño que tiene una montaña? El terreno que necesito? Y despuès tengo que cuidar que todo el mundo no venga a robarse el oro... es un problema. Y la AFIP la vería enseguida, no es fácils seconder una montaña. Y de dónde sacaría es oro? Se lo tendrías que robar a alguien no?
- Ok, ok. Otra cosa. Te gustaría que todas las mujeres se enamoren de vos?
- Ni en pedo! Primero, mi mujer es celosa. Segundo, quiero caminar tranquilo por la calle!
- Bueno, el siguiente deseo más pedido en mi ranking es ser el mejor en algo. En qué te gustaría?
- Ese es el siguiente mejor deseo en tu ranking? Nadie te pidió superpoderes?
- Si, pero un superpoder violaría las leyes de la termodinámica, cosa que es imposible.
- Pero no hacías magia vos? LA MAGIA VIOLA ESA LEYES!
- En realidad no. Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistiguible de la magia.
- O sea que me estás diciendo que usás tecnología para hacer lo que hacés?
- ...
- PRIMER DESEO! QUIERO CONOCER ESA TECNOLOGÍA!
- No puedo hacer eso. Alteraría la línea temporal.
- Pero tu presencia en ésta línea ya la altera, mostro!
- No, estás confundido. Yo no vengo del futuro...
- Sabés qué? Me cansaste. Primer deseo, quiero una motosierra con el tanque lleno.
- Al fin! Concendido!
- Segundo deseo, quiero el conocimiento de cómo manejar la motosierra para no lastiamarme cuando lo haga.
- Muy inteligente. Concedido!
- Tercer deseo, quiero que te metas de nuevo en la lámpara.
- Pero...
No terminó a decir lo que empezó. El humo invadió de nuevo el patio y cuando se disipó el genio ya no estaba.
Tomé la motosierra, partí la lámpara en 8 pedacitos, los tiré a la basura y me fuí a ver una peli.

jueves, 22 de noviembre de 2018

La muerte

Hace un tiempo me morí.
Contrario a lo que la gente cree, la muerte es sólo el complemento de la vida.
Y cuando digo "complemento" me refiero a exactamente el complemento.
A ver si me explico mejor: La muerte es lo que le falta a la vida. A "tu" vida.
En la vida, todos siguen vivos menos vos. En la muerte, vos sos el único "vivo", por no poder encontrar un término mejor.
No, no es como "Soy Leyenda". No. En la muerte, nada más está vivo. No hay perros, no hay plantas, no hay otras personas.
Y todo sigue así. No hay ciudades, no hay campo, no hay montañas. Sólo estás vos.
Vas entendiendo?
Lo bueno es que en la tierra de los vivos había hambre, dolor, injusticia. Acá no.
Pero es realmente bueno? El hambre servía para diferenciar momentos: Tenías hambre, estabas comiendo, estabas saciado. Momentos.
Acá no hay momentos.
Todo lo que hay es un piso de no se qué material, que no está ni frío ni caliente, que se extiende por doquier.
Hace mucho tiempo dejé de tratar de ver dónde termina. Caminé, caminé, caminé, y el paisaje nunca cambiababa, el suelo nunca cambiaba... nada cambiaba.
Claro, en la vida había cambios, acá no.
Tampoco tengo ropa. Estoy desnudo, y nunca siento ni frío ni calor. No hay sensaciones.
Y es aburrida. Muy. No hay absolutamente nada para hacer.
Tan es así que intenté de todo. Primero  de ejercitarme, pero no había cansancio. Debo haber pasado horas haciendo abdominales, sin que nada cambiara en mi cuerpo. Ni sed, ni agotamiento, ni temperatura, ni incremento en la velocidad de los latidos... Ah, esto último porque claro, no hay latidos.
Así que sin posiblidad de cansarme dejé de caminar y empecé a correr. Mismo resultado... llegué a ninguna parte.
"Puedo practicar canto" pensé... pero no tengo voz. O mejor dicho, no hay sonidos.
Tampoco hay luz. Es decir, hay, pero no sé de dónde viene. Puedo ver el piso, y puedo ver una especie de cielo de un color idéntico. Tan igual que no puedo ver el horizonte. No sé dónde se juntan.
También probé dormir, pero no, no hay sueño.
Una vez me senté en el suelo a esperar lo que fuera que ocurriera. Debo haber pasado meses, o años en esa posición. Alternaba con acostarme y pararme, pero no me movía del lugar. Y nunca pasó nada.
Y ayer mismo (no hay días ni noches, así que digo ayer para significar lo que en mi cabeza puede haber sido un día de los vivos) finalmente decidí terminar con aquello. Traté de re-matarme. O matarme de nuevo. Traté de tragarme la lengua sin lograrlo (nunca pensé que fuera tan difícil). Luego traté de clavarme las uñas en los brazos o cuello, pero mis uñas parecen de una goma muy fina. Y por último, traté de saltar lo más alto que pude, para aterrizar de cabeza. Todas las veces que lo intenté, fueron en vano: Cada vez que perdía la vertical ocurría lo impensado: Todo el lugar se alineaba a mi cuerpo y mis pies volvían a estar en la tierra.
Y ya entendí. La muerte es la nada misma. Es el aburrimiento eterno, donde lo único que existen son mis recuerdos de cuando estaba vivo, y que de a poco van también desapareciendo.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Yo ingeniero: Mi pasión por las artes marciales


Mi capítulo con las artes marciales empieza, como muchos, un tanto borroso.
Ya dije que mi pueblo se mueve por modas, así que supongo que se habrá puesto de moda en esa época, y mis viejos, para que no rompamos las pelotas, nos mandaba a mi hermana y a mí a hacer todo lo que supusiera estar fuera de casa.
Fué así como nos inscribieron en karate. El profesor era amigo de ellos, así que no había mucho riesgo de que nos lastimen, supongo.

Enseguida las habilidades de mi hermana se hicieron notar. Tenía elongación, elasticidad, y siempre ávida de poder para subyugar al prójimo. Sí, ella iba  a ser de las buenas. Mientras que yo, era uno más de los 80 de las primeras clases.

Los dos primeros meses de karate fueron de "no karate". Tirábamos unas piñas al aire, pero nada más. Era más que nada acondicionamiento físico (intensidad media/alta para los varones e "in crescendo").
El entrenamiento era tan duro, que comenzaron a desaparecer alumos. Cada vez más. Hasta que quedamos 30. 7 mujeres y 23 varones.
Hoy entiendo que mi sensei no podía manejar semejante grupo inicial, y que buscó de esa manera quedarse con los que tenían real voluntad de seguir.
Lo que no sabía, es que yo no había tenido esa voluntad. Todos los días, después del entrenamiento, llegaba a casa y se sucedía el siguiente diálogo con mi viejo:
- No voy más.
- Por?
- Es una mierda. Nos la pasamos corriendo, saltando, abdominales, flexiones de brazos. Así no voy a ser jamás un ninja.
- Y tu hermana?
- Ella que haga lo que quiera.
- Pero vas a dejar que tu hermana te gane? (sabía qué puntos tocar, el muy culiado)
- Eh… no, pero a ella no le exigen como a mí!
- Pero es mujer! Vas a dejar que te gane?
- (Me cago en todo) No!
- Entonces, volvés la clase que viene, y después decidís.

Y claro, yo volvía… y al final de la misma tenía el mismo diálogo… y volvía de nuevo.

Y quedé nomás.

En ese grupo, había algunos viejos, un par de fanáticos (que nos hicimos amigos), y el ayudante del sensei: Un chango que no era del pueblo, y que nos forreaba porque sabía más que nosotros. Nos golpeaba simplemente porque podía, porque éramos unos newbies.
El tema es que me juré que iba a mejorar hasta poder por lo menos devolverle unas patadas.
Con ese juramente en mente (y mi habitual compulsión), me la pasaba practicando todo lo que podía, no sólo los días y horas de entrenamiento.
Enl a escuela en el recreo estaba tirando patadas al aire. Mientras caminaba por la calle pegaba con el antebrazo a los postes de luz. Me iba los sábados a la mañana al campo a entrenar con un amigo, mi amigo se volvía al mediodía, comía unos sanguchitos, llegaba otro amigo, entrenábamos a la tarde y a la noche volvíamos juntos.
En casa había fabricado un dojo artesanal en donde me pasaba horas pegándole  a una pared.

Así, descubrí el secreto mejor guardado por la humanidad: Para ser bueno en algo, lo único que hay que hacer es practicar.
Y fui mejorando.

Fui venciendo a todos y cada uno de mi clase, y cuando pensé que estaba listo para el ayudante… no vino más.
El sensei nos explicó que le había tocado el servicio militar y no iba a volver, y que era hora de elegir un nuevo ayudante. Absolutamente nadie conocía o sospechaba el método.
Estuvimos varias clases sin ayudante, sólo con el sensei al frente, hasta que un día, llegamos, estábamos formados (en  escuadra, es decir en varias filas), cuando el sensei gritó "Kumite. Asimé!" (Combate, ejecute).
El silencio se hizo presente. Cómo íbamos pelear si no había nadie enfrentado con nadie?
Sensei: - Qué son sordos ustedes!? Abdominales!
Hacemos abdminales, mirándonos unos a otros, a ver si encontrábamos un atisbo de lógica en todo ésto.
Sensei: - Arriba! Kumite. Asimé!
Más silencio y miradas con ojos desorbitados.
Sensei: - Se hacen los pícaros?! Flexiones de brazos!.
Hacemos fexiones, ya pensando que el viejo perdió la chaveta del todo.
Sensei: - Arriba!. Kumite. Asimé!
Yo estaba apunto de abrir mi boca para decirle que no entendía un pomo, cuando ví que el chico de al lado mío dá un paso y le pega un puñetazo en la espalda al de adelante.
Sensei (señalando al chico que recibió el gople): - Tocado, afuera!

Entendimos rápido. Y se armó un quilombo hermoso. Era un todos contra todos.
Algunos se hacían pegar, para salir ilesos. Otros, eran tocados y el sensei no los veía. Otros, habían salido, pero entraban de nuevo. Piñas y patadas que de arte no tenían nada.
Yo me acurruqué contra un rincón, por lo menos para que no me peguen desde atrás, y al que pasaba o me enfrentaba lo cagaba a patadas. También ligué varias, debo decir. Y si me habían gritado que me saliera, no lo había escuchado en medio de ese torbellino.
Finalmente, tuve a dos enfrente, que se estorbaron entre ellos para atacarme y los pude "marcar" y sacarlos.
Del otro lado del salón, quedaba un compañero, con uno enfrentado. Intercambiaron algunos golpes y el sensei decicidió quién salía.

Finalmente, quedamos uno y yo.

Yo tenía los pómulos cortados (no sé por qué, pues no valía pegar en la cara), y me dolía una rodilla y una mano. Pero el otro estaba peor.

Los que practicamos artes marciales descalzos, cada tanto desarrollamos una ampolla en el metatarso, debajo del dedo gordo del pié. Bueno, al otro acababa de reventársele y no podía pisar bien. Sin contar que tenía un ojo en compota y un labio partido.

El sensei nos puso frente a frente, ahora sí en un combate normal, pero a la orden de "asimé!" (comiencen) ninguno de los dos podía dar un paso adelante.

Un de nuestros compañeritos, solidario como él solo,  empujó a mi contrincante, y por puro reflejo bloqueé y  contrataqué marcando un ipon (punto completo).
Terminó el combate con ese ipon a cero. Y me convertí en ayudante del sensei.
Tiempo después, mi sensei me confesaría que manipuló un poco la situación para que quedara yo, porque era el que más voluntad ponía en la clase.

A todo esto, el viejo ayudante del sensei nunca más apareció, y me quedé con las ganas de "mostrarle" cuánto había progresado.

Con karate vinieron muchas  cosas: levanté el autoestima, dejé de ser el centro del bullying, entendí que en mis manos tenía el poder de lastimar realmente a alguien, y por lo tanto debía ser responsable.
Claro que ésto último lo aprendí después de romper algunas narices a los tipos mas grandes que me molestaban.
Y también aprendí que el cuerpo humano a esa edad no tiene límites. Podía correr 7 kms hasta el pueblo vecino para cortejar a una chica (que claro, todo transpirado no surtía el efecto deseado), declararle mi amor, rebotar, y volver corriendo los 7 kms de vuelta.

Luego me iría a estudiar a otra provincia, en donde practicaría kung fu, tae kwon do, sipalki (otra gran pasión) y finalmente "vale todo" (el precursor del UFC).

Todo se iría por la borda cuando en un descuido, dejé que el acohol ingresara a mi cuerpo, pero eso lo dejo para otra historia.

martes, 27 de febrero de 2018

Cómo dormir a un bebé

- Tome al bebé entre brazos, apoyando la cabeza en uno y la cadera en otro, panza con panza. Póngale el chupete y comience a hacer un vaivén rítmico usando el cuerpo como una hamaca.

- Comience a cantar dulcemente una canción de cuna.

- Levante el chupete que el bebé acaba de escupir, lávelo y colóquelo nuevamente en su boca.

- Prosiga con la canción de cuna y el vaivén.

- Coloque al bebé otra vez en posición horizontal , luego de que se incorporara porque dos moscas copulando en el vidrio de la ventana le parecieran sumamente interesante.

- Levante nuevamente el chupete, lávelo y colóquelo en su boca

- Luego de repetir las 2 canciones de cuna que sabe por décima vez, puede intentar cambiarle la letra. No importa lo incoherente que sean, el bebé no entiende, y de todas maneras va a escuchar interesadísimo lo que sea que salga de su boca.

- Levante nuevamente el chupete, y si no tiene demasiada pelusa y hormigas, no hace falta lavarlo.

- Después de sacar por cuarta vez la mano del bebé de su boca (la de usted), puede reemplazar la canción por sonidos guturales suaves, como "shhh, shhh, shhh". A ésta altura es normal intercalar alguna que otra puteada dedicada al destino, siempre con voz dulce, claro. El bebé deberá empezar a dormirse.

- Atienda la puerta, dígale a los Testigos de Jehová que se pueden ir a la gran puta madre que los parió, desconecte el timbre y vuelva a poner al bebé en posición horizontal.

- Espere pacientemente que el vecino deje de taladrar la medianera, y no, no vaya a comprar nafta para la motosierra.

- Levante nuevamente el chupete y póngalo en la boca del bebé. Y sí, si lo quería atar a algo, lo hubiera pensado antes, ahora ya es tarde.

- Soporte con el mayor disimulo posible el dolor insoportable que le producen las uñitas del bebé debajo de las suyas.

- Siga con el proceso, hasta que note un leve revoleo de ojos en el niño. Esto indica que va por buen camino, pero debe estar atento, porque el bebé tratará de que ocurra cuando usted no esté mirando.

- También debe soportar sin demostrar ninguna emoción el dolor causado por la mano del brazo inferior del bebé, enterrando sus uñitas dentro de su ombligo. Lo bueno es que el bebé le queda poco tiempo de estar estar despierto.

- A ésta altura, el vaivén de todo el cuerpo se habrá convertido en un movimiento lastimoso provocado por levantar los talones alternadamente, tan típico de zombies autistas. No se preocupe, es normal.

- La canción de cuna se habrá trasformado en un tono monocorde de una vocal elegida al azar. También es normal.

- Es entonces cuando debe estar más atento que nunca al revoleo de ojos, pues aquel que es seguido de un parpadeo dos milésimas de segundo más largo de lo normal es el que indica el momento de cambiar la estrategia: Dicho parpadeo es la señal de largada: debe comenzar a sacudir al bebé enérgicamente, como si tuviera convulsiones de parado, al son de una danza de la lluvia frenética remixada con carnavalito tecno del altiplano boliviano. El bebé, con éstas sacudidas violentas cerrará los ojos fuerte fuerte.

 - Tenga cuidado con los giros bruscos, pues el bebé es inmune a los mareos pero usted no, y esto combinado con el campo minado de rastis que suele haber en el piso podría ser fatal.

- Luego de aproximadamente 15 minutos de éste aerobic enfermizo, vaya bajando el ritmo gradualmente, y observará que el niño no abre los ojos.

- Una vez que el niño esté inmóvil por 10 minutos, se considera dormido. Puede proceder a dejarlo en la cuna.. que los fabricantes diseñaron como una caja alta con el cochón cerca del piso, y que obliga a arrojar la criatura desde medio metro de altura.

- Si tuvo suerte y no se despertó en la caída, entonces cuenta usted con 5 minutos para ir a hacer pis, bañarse, afeitarse, comer algo, y volver justo a tiempo para atender su llanto, porque el señorito terminó de dormir y claro, ahora tiene hambre.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Yo ingeniero: Mi torpe pero esforzada relación con el deporte.


Como todo nerd que se precie, en mi vida no podía faltar el asma, que me impedía hacer deportes como un niño normal, hasta empezada la secundaria.
Claro, que para entonces ya era muy tarde. Mi cuerpo emirriado y pálido no sabía cómo moverse por reflejos o siquiera coordinar.

En primer año la cosa no cambíó mucho, pues nos enseñaban voleyball, que creo que después del ajedrez es el deporte en el que menos se corre.

 Por suerte, en esa época,  Micheal Jordan la estaba rompiendo con los Chicago Bulls, y Adrían Paenza nos lo mostraba por TV. Ya dije que todo en mi ciudad se movía por modas, así que todos los niños y jóvenes empezamos a jugar al basquet.

Yo tenía una cancha cubierta (estando en Jujuy es importante recalcar lo de "cubierta") a media cuadra, y era el primero en llegar, y el último en irme. Por ello, no vaya a creer que yo era bueno. Nada más lejos de la realidad, pero sí aprendí a saltar (si, tampoco sabía saltar), y también a coordinar un poco.

Todo eso, sumado a que ya sabía correr rápido, arrancar y frenar de golpe (habilidades que se adquieren al evitar constantemente ser objeto de bullying) hacía que algunos pibes quisieran jugar conmigo. O, mejor dicho, no les importara tanto que jugara en su equipo. 

Lo importante de esa época es que podía correr sin ponerme morado. Entonces, haciendo volley en el colegio, y basquet en la calle, empecé a obtener la energía propia de un chico entrando a la adolescencia. Energía que no llegaba a gastar en el día, y por lo tanto rompía las pelotas a mis padres de tarde/noche, así que para completarla, me inscribieron en karate (que merece un post aparte, y va a ser el siguiente de la saga)

Pasó primer año y en segundo tuvimos la mitad del año volley, y la otra mitad handball. Para jugar handball Hay que dar pases con la mano, se puede botar la pelota, se pueden hacer 3 pasos con la pelota en la mano,  y en vez de un aro hay un arco. Es un basquet disfrazado, y como tal lo tomé.

En la escuela técnica, todos los pibes jugaban al fútbol, así que rápidamente me perfilé como "la estrella" de handball. Bah, exagero un poco, pero es mi historia y la cuento como quiero.

Estaba muy tranquilo con ese deporte, cuando al pueblo llegó una nueva fiebre: la del paddle.

Para aquellos que no saben, el arco de handball es mucho más grande que una paleta de paddle, por lo tanto, para jugar al segundo se necesita mucha (pero mucha) mas precisión.

Apestaba al paddle.

Pero de nuevo, la suerte estaba de mi lado e impidió que me frustrara: El papá de uno de mis amigos puso una cancha, en donde podíamos ir y jugar gratis. Así que nos pasábamos las mañanas de los sábados y domingos (que era cuando mejos gente había) metidos bajo un techo de chapa transpirando como en un sauna, pero menos quietos, golpeando la pelotita, las paredes y los alambrados.

Tercer año de la secundaria seguimos con handball, cuarto y quinto con basquet.

A esa altura, con el entrenamiento de karate, y los deportes a los que jugaba cada vez que podía, me permitían correr 7 kilómetros hasta una pueblo vecino a cortejar a una señorita. Los raro, es que iba con mi mejor amigo, que tenía las mismas intenciones. A veces íbamos en bici también.

Déjeme hacer un paréntesis en el tema deportes, y contarle cómo terminó aquello.

Siesta de verano en Jujuy, llegamos corriendo a San Antonio, y vamos directamente a visitar a la señorita, que nos esperaba para tomar el té con masas. Repito, por si no quedó claro: SIESTA de VERANO en JUJUY. Yo no entiendo siquiera cómo nos abría la puerta, con lo transpirado que llegábamos.
El tema es que tomamos el té, comimos las masas (absolutamente todas) y salimos a pasear a la plaza del pueblito. La idea era esperar el momento exacto para declararle nuestro amor.

En un imporivsado "piedra, papel o tijera" me gané el privilegio de ser el primero. Si tenía éxito, mi amigo debía desistir inmediatamente. Mientras caminábamos, él, con no sé qué excusa, nos deja solos.
Ella y yo nos sentamos en un banquito como a mitad de cuadra, y ahí, a boca de jarro, le digo: "Sabés que estoy enamorado de vos?"
No recuerdo qué me dijo, pero, como era de esperarse, fuí rechazado. Me levanté del banquito, me dirigí a mi amigo que estaba en la esquina, mientras él venía hacia mí. Nos cruzamos a medio camino. Me preguntó: 

- Y?, 
- No. 

Y continuamos nuestros caminos. Yo me senté en un banco en la esquina y él se sentó con ella.}
7.5 minutos después, lo ví venir solo. 

-Y? - pregunté. 
- Tampoco.

Y comenzamos a correr los 7 kilómetros de vuelta a nuestro pueblo, sin siquiera despedirnos. O pedirle agua para el camino. Así de bestia era.

Fin del paréntesis.

Finalmente llegó sexto año, en donde nos esperaba un profesor nuevo de educación física, que también enseñaba en la escuela comercial. Éste señor tuvo la idea de que las dos escuelas, rivales por naturaleza, podían hacer educación física juntas.

Primero trató de enseñarnos natación.
Qué clase de loco quiere que un ser de montañas nade?
Pasó lo que tenía que pasar: Uno de los chicos nadando estilo crol se cansó de bracear justo en medio de la pileta y, por fuerza mayor, improvisó el estilo piedra.
Por suerte el profesor estaba atento y lo sacó antes que tragara más agua. Se terminó natación.

Pero llegó la maldición: Empezamos a practicar fútbol. Yo no tengo nada en contra del fútbol, es más me encanta. Pero no en ese momento. Yo no quería jugar. Me sabía torpe y no quería pasar vergüenza demostrándolo.
- No, yo no voy a jugar.
- Tenés que jugar, o te aplazo.
- No. Aplazame y vemos, pero yo no voy a jugar.
- Dale! Te parás acá, y cuando viene la pelota, le pegás para allá, y listo!
- Uffff, ok.

Me paré en un sector, bien al costado de la cancha, con la esperanza que la pelota no pasara por ahí.
Pero pasó.
Todo el mundo sabe que es muy difícil resistirse a la tentación de no patear una pelota que viene hacia uno. Calculé la trayectoria y velocidad de la pelota, mi velocidad, el punto de impacto, tomé carrera, y tiré la patada con todas mis fuerzas. Lo que no había calculado (bah, ni había visto) era al otro chico, el  habilidoso, que venía detrás de la pelota, que llegó antes que yo, y con la puntita del pié desvió la pelota de su trayectoria original cuando mi pié ya estaba en curso impulsado por mi fuerza motriz, que finalmente impató en su pierna.

Fractura  de peroné.

Eso fué suficiente para que la directoria diera por terminada la actividad del fútbol, ganándome una puteada masiva de mis amigos.

Lo bueno es que gracias a eso empezamos rugby.
Me costó agarrarle la mano, pero lo hice, y es uno de los deportes que más me gustan.
El profesor pudo organizar un partido con una escuela de San Salvador. Una escuela que practicaba rugby los 6 años.
22 a 0 perdimos. 
Pero seguimos entrenando. Me hice bueno tackleando, claro, desatando a la bestia que en otros deportes debía estar atada… hasta que le quebré la clavícula a uno de la comercial.
Debo confesar que fue sin querer… a medias.
Yo me tiré a taclearlo fuerte, y sí con intención de lastimarlo. Lo que no tuve en cuenta fué la pared que estaba a escasos 50 cms de la cancha, así que parte de la culpa la tiene el profesor, por llevarnos a  jugar a instalaciones que no estaban en condiciones. De todas maneras disfruté que se quebrara, porque el otro pibe era un forro reconocido.

La cuestión es que también dejamos de jugar al rugby, y para aprobar educación física del último año de la secundaria, tuvimos que correr una minimaratón de 18kms. (6 hasta el dique la Ciénaga, 6 alrededor, y 6 más de vuelta). Por supuesto, los 18 kilómetros me fueron acompañando puteadas de todo calibre, de compañeros de ambas escuelas. Pero era de esperarse.

Mas tarde, seguiría sólo con las artes marciales, hasta llegar a Buenos Aires, y volver a jugar al fútbol, ésta vez con mucho, mucho, mucho cuidado.