jueves, 22 de noviembre de 2018

La muerte

Hace un tiempo me morí.
Contrario a lo que la gente cree, la muerte es sólo el complemento de la vida.
Y cuando digo "complemento" me refiero a exactamente el complemento.
A ver si me explico mejor: La muerte es lo que le falta a la vida. A "tu" vida.
En la vida, todos siguen vivos menos vos. En la muerte, vos sos el único "vivo", por no poder encontrar un término mejor.
No, no es como "Soy Leyenda". No. En la muerte, nada más está vivo. No hay perros, no hay plantas, no hay otras personas.
Y todo sigue así. No hay ciudades, no hay campo, no hay montañas. Sólo estás vos.
Vas entendiendo?
Lo bueno es que en la tierra de los vivos había hambre, dolor, injusticia. Acá no.
Pero es realmente bueno? El hambre servía para diferenciar momentos: Tenías hambre, estabas comiendo, estabas saciado. Momentos.
Acá no hay momentos.
Todo lo que hay es un piso de no se qué material, que no está ni frío ni caliente, que se extiende por doquier.
Hace mucho tiempo dejé de tratar de ver dónde termina. Caminé, caminé, caminé, y el paisaje nunca cambiababa, el suelo nunca cambiaba... nada cambiaba.
Claro, en la vida había cambios, acá no.
Tampoco tengo ropa. Estoy desnudo, y nunca siento ni frío ni calor. No hay sensaciones.
Y es aburrida. Muy. No hay absolutamente nada para hacer.
Tan es así que intenté de todo. Primero  de ejercitarme, pero no había cansancio. Debo haber pasado horas haciendo abdominales, sin que nada cambiara en mi cuerpo. Ni sed, ni agotamiento, ni temperatura, ni incremento en la velocidad de los latidos... Ah, esto último porque claro, no hay latidos.
Así que sin posiblidad de cansarme dejé de caminar y empecé a correr. Mismo resultado... llegué a ninguna parte.
"Puedo practicar canto" pensé... pero no tengo voz. O mejor dicho, no hay sonidos.
Tampoco hay luz. Es decir, hay, pero no sé de dónde viene. Puedo ver el piso, y puedo ver una especie de cielo de un color idéntico. Tan igual que no puedo ver el horizonte. No sé dónde se juntan.
También probé dormir, pero no, no hay sueño.
Una vez me senté en el suelo a esperar lo que fuera que ocurriera. Debo haber pasado meses, o años en esa posición. Alternaba con acostarme y pararme, pero no me movía del lugar. Y nunca pasó nada.
Y ayer mismo (no hay días ni noches, así que digo ayer para significar lo que en mi cabeza puede haber sido un día de los vivos) finalmente decidí terminar con aquello. Traté de re-matarme. O matarme de nuevo. Traté de tragarme la lengua sin lograrlo (nunca pensé que fuera tan difícil). Luego traté de clavarme las uñas en los brazos o cuello, pero mis uñas parecen de una goma muy fina. Y por último, traté de saltar lo más alto que pude, para aterrizar de cabeza. Todas las veces que lo intenté, fueron en vano: Cada vez que perdía la vertical ocurría lo impensado: Todo el lugar se alineaba a mi cuerpo y mis pies volvían a estar en la tierra.
Y ya entendí. La muerte es la nada misma. Es el aburrimiento eterno, donde lo único que existen son mis recuerdos de cuando estaba vivo, y que de a poco van también desapareciendo.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Yo ingeniero: Mi pasión por las artes marciales


Mi capítulo con las artes marciales empieza, como muchos, un tanto borroso.
Ya dije que mi pueblo se mueve por modas, así que supongo que se habrá puesto de moda en esa época, y mis viejos, para que no rompamos las pelotas, nos mandaba a mi hermana y a mí a hacer todo lo que supusiera estar fuera de casa.
Fué así como nos inscribieron en karate. El profesor era amigo de ellos, así que no había mucho riesgo de que nos lastimen, supongo.

Enseguida las habilidades de mi hermana se hicieron notar. Tenía elongación, elasticidad, y siempre ávida de poder para subyugar al prójimo. Sí, ella iba  a ser de las buenas. Mientras que yo, era uno más de los 80 de las primeras clases.

Los dos primeros meses de karate fueron de "no karate". Tirábamos unas piñas al aire, pero nada más. Era más que nada acondicionamiento físico (intensidad media/alta para los varones e "in crescendo").
El entrenamiento era tan duro, que comenzaron a desaparecer alumos. Cada vez más. Hasta que quedamos 30. 7 mujeres y 23 varones.
Hoy entiendo que mi sensei no podía manejar semejante grupo inicial, y que buscó de esa manera quedarse con los que tenían real voluntad de seguir.
Lo que no sabía, es que yo no había tenido esa voluntad. Todos los días, después del entrenamiento, llegaba a casa y se sucedía el siguiente diálogo con mi viejo:
- No voy más.
- Por?
- Es una mierda. Nos la pasamos corriendo, saltando, abdominales, flexiones de brazos. Así no voy a ser jamás un ninja.
- Y tu hermana?
- Ella que haga lo que quiera.
- Pero vas a dejar que tu hermana te gane? (sabía qué puntos tocar, el muy culiado)
- Eh… no, pero a ella no le exigen como a mí!
- Pero es mujer! Vas a dejar que te gane?
- (Me cago en todo) No!
- Entonces, volvés la clase que viene, y después decidís.

Y claro, yo volvía… y al final de la misma tenía el mismo diálogo… y volvía de nuevo.

Y quedé nomás.

En ese grupo, había algunos viejos, un par de fanáticos (que nos hicimos amigos), y el ayudante del sensei: Un chango que no era del pueblo, y que nos forreaba porque sabía más que nosotros. Nos golpeaba simplemente porque podía, porque éramos unos newbies.
El tema es que me juré que iba a mejorar hasta poder por lo menos devolverle unas patadas.
Con ese juramente en mente (y mi habitual compulsión), me la pasaba practicando todo lo que podía, no sólo los días y horas de entrenamiento.
Enl a escuela en el recreo estaba tirando patadas al aire. Mientras caminaba por la calle pegaba con el antebrazo a los postes de luz. Me iba los sábados a la mañana al campo a entrenar con un amigo, mi amigo se volvía al mediodía, comía unos sanguchitos, llegaba otro amigo, entrenábamos a la tarde y a la noche volvíamos juntos.
En casa había fabricado un dojo artesanal en donde me pasaba horas pegándole  a una pared.

Así, descubrí el secreto mejor guardado por la humanidad: Para ser bueno en algo, lo único que hay que hacer es practicar.
Y fui mejorando.

Fui venciendo a todos y cada uno de mi clase, y cuando pensé que estaba listo para el ayudante… no vino más.
El sensei nos explicó que le había tocado el servicio militar y no iba a volver, y que era hora de elegir un nuevo ayudante. Absolutamente nadie conocía o sospechaba el método.
Estuvimos varias clases sin ayudante, sólo con el sensei al frente, hasta que un día, llegamos, estábamos formados (en  escuadra, es decir en varias filas), cuando el sensei gritó "Kumite. Asimé!" (Combate, ejecute).
El silencio se hizo presente. Cómo íbamos pelear si no había nadie enfrentado con nadie?
Sensei: - Qué son sordos ustedes!? Abdominales!
Hacemos abdminales, mirándonos unos a otros, a ver si encontrábamos un atisbo de lógica en todo ésto.
Sensei: - Arriba! Kumite. Asimé!
Más silencio y miradas con ojos desorbitados.
Sensei: - Se hacen los pícaros?! Flexiones de brazos!.
Hacemos fexiones, ya pensando que el viejo perdió la chaveta del todo.
Sensei: - Arriba!. Kumite. Asimé!
Yo estaba apunto de abrir mi boca para decirle que no entendía un pomo, cuando ví que el chico de al lado mío dá un paso y le pega un puñetazo en la espalda al de adelante.
Sensei (señalando al chico que recibió el gople): - Tocado, afuera!

Entendimos rápido. Y se armó un quilombo hermoso. Era un todos contra todos.
Algunos se hacían pegar, para salir ilesos. Otros, eran tocados y el sensei no los veía. Otros, habían salido, pero entraban de nuevo. Piñas y patadas que de arte no tenían nada.
Yo me acurruqué contra un rincón, por lo menos para que no me peguen desde atrás, y al que pasaba o me enfrentaba lo cagaba a patadas. También ligué varias, debo decir. Y si me habían gritado que me saliera, no lo había escuchado en medio de ese torbellino.
Finalmente, tuve a dos enfrente, que se estorbaron entre ellos para atacarme y los pude "marcar" y sacarlos.
Del otro lado del salón, quedaba un compañero, con uno enfrentado. Intercambiaron algunos golpes y el sensei decicidió quién salía.

Finalmente, quedamos uno y yo.

Yo tenía los pómulos cortados (no sé por qué, pues no valía pegar en la cara), y me dolía una rodilla y una mano. Pero el otro estaba peor.

Los que practicamos artes marciales descalzos, cada tanto desarrollamos una ampolla en el metatarso, debajo del dedo gordo del pié. Bueno, al otro acababa de reventársele y no podía pisar bien. Sin contar que tenía un ojo en compota y un labio partido.

El sensei nos puso frente a frente, ahora sí en un combate normal, pero a la orden de "asimé!" (comiencen) ninguno de los dos podía dar un paso adelante.

Un de nuestros compañeritos, solidario como él solo,  empujó a mi contrincante, y por puro reflejo bloqueé y  contrataqué marcando un ipon (punto completo).
Terminó el combate con ese ipon a cero. Y me convertí en ayudante del sensei.
Tiempo después, mi sensei me confesaría que manipuló un poco la situación para que quedara yo, porque era el que más voluntad ponía en la clase.

A todo esto, el viejo ayudante del sensei nunca más apareció, y me quedé con las ganas de "mostrarle" cuánto había progresado.

Con karate vinieron muchas  cosas: levanté el autoestima, dejé de ser el centro del bullying, entendí que en mis manos tenía el poder de lastimar realmente a alguien, y por lo tanto debía ser responsable.
Claro que ésto último lo aprendí después de romper algunas narices a los tipos mas grandes que me molestaban.
Y también aprendí que el cuerpo humano a esa edad no tiene límites. Podía correr 7 kms hasta el pueblo vecino para cortejar a una chica (que claro, todo transpirado no surtía el efecto deseado), declararle mi amor, rebotar, y volver corriendo los 7 kms de vuelta.

Luego me iría a estudiar a otra provincia, en donde practicaría kung fu, tae kwon do, sipalki (otra gran pasión) y finalmente "vale todo" (el precursor del UFC).

Todo se iría por la borda cuando en un descuido, dejé que el acohol ingresara a mi cuerpo, pero eso lo dejo para otra historia.

martes, 27 de febrero de 2018

Cómo dormir a un bebé

- Tome al bebé entre brazos, apoyando la cabeza en uno y la cadera en otro, panza con panza. Póngale el chupete y comience a hacer un vaivén rítmico usando el cuerpo como una hamaca.

- Comience a cantar dulcemente una canción de cuna.

- Levante el chupete que el bebé acaba de escupir, lávelo y colóquelo nuevamente en su boca.

- Prosiga con la canción de cuna y el vaivén.

- Coloque al bebé otra vez en posición horizontal , luego de que se incorporara porque dos moscas copulando en el vidrio de la ventana le parecieran sumamente interesante.

- Levante nuevamente el chupete, lávelo y colóquelo en su boca

- Luego de repetir las 2 canciones de cuna que sabe por décima vez, puede intentar cambiarle la letra. No importa lo incoherente que sean, el bebé no entiende, y de todas maneras va a escuchar interesadísimo lo que sea que salga de su boca.

- Levante nuevamente el chupete, y si no tiene demasiada pelusa y hormigas, no hace falta lavarlo.

- Después de sacar por cuarta vez la mano del bebé de su boca (la de usted), puede reemplazar la canción por sonidos guturales suaves, como "shhh, shhh, shhh". A ésta altura es normal intercalar alguna que otra puteada dedicada al destino, siempre con voz dulce, claro. El bebé deberá empezar a dormirse.

- Atienda la puerta, dígale a los Testigos de Jehová que se pueden ir a la gran puta madre que los parió, desconecte el timbre y vuelva a poner al bebé en posición horizontal.

- Espere pacientemente que el vecino deje de taladrar la medianera, y no, no vaya a comprar nafta para la motosierra.

- Levante nuevamente el chupete y póngalo en la boca del bebé. Y sí, si lo quería atar a algo, lo hubiera pensado antes, ahora ya es tarde.

- Soporte con el mayor disimulo posible el dolor insoportable que le producen las uñitas del bebé debajo de las suyas.

- Siga con el proceso, hasta que note un leve revoleo de ojos en el niño. Esto indica que va por buen camino, pero debe estar atento, porque el bebé tratará de que ocurra cuando usted no esté mirando.

- También debe soportar sin demostrar ninguna emoción el dolor causado por la mano del brazo inferior del bebé, enterrando sus uñitas dentro de su ombligo. Lo bueno es que el bebé le queda poco tiempo de estar estar despierto.

- A ésta altura, el vaivén de todo el cuerpo se habrá convertido en un movimiento lastimoso provocado por levantar los talones alternadamente, tan típico de zombies autistas. No se preocupe, es normal.

- La canción de cuna se habrá trasformado en un tono monocorde de una vocal elegida al azar. También es normal.

- Es entonces cuando debe estar más atento que nunca al revoleo de ojos, pues aquel que es seguido de un parpadeo dos milésimas de segundo más largo de lo normal es el que indica el momento de cambiar la estrategia: Dicho parpadeo es la señal de largada: debe comenzar a sacudir al bebé enérgicamente, como si tuviera convulsiones de parado, al son de una danza de la lluvia frenética remixada con carnavalito tecno del altiplano boliviano. El bebé, con éstas sacudidas violentas cerrará los ojos fuerte fuerte.

 - Tenga cuidado con los giros bruscos, pues el bebé es inmune a los mareos pero usted no, y esto combinado con el campo minado de rastis que suele haber en el piso podría ser fatal.

- Luego de aproximadamente 15 minutos de éste aerobic enfermizo, vaya bajando el ritmo gradualmente, y observará que el niño no abre los ojos.

- Una vez que el niño esté inmóvil por 10 minutos, se considera dormido. Puede proceder a dejarlo en la cuna.. que los fabricantes diseñaron como una caja alta con el cochón cerca del piso, y que obliga a arrojar la criatura desde medio metro de altura.

- Si tuvo suerte y no se despertó en la caída, entonces cuenta usted con 5 minutos para ir a hacer pis, bañarse, afeitarse, comer algo, y volver justo a tiempo para atender su llanto, porque el señorito terminó de dormir y claro, ahora tiene hambre.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Yo ingeniero: Mi torpe pero esforzada relación con el deporte.


Como todo nerd que se precie, en mi vida no podía faltar el asma, que me impedía hacer deportes como un niño normal, hasta empezada la secundaria.
Claro, que para entonces ya era muy tarde. Mi cuerpo emirriado y pálido no sabía cómo moverse por reflejos o siquiera coordinar.

En primer año la cosa no cambíó mucho, pues nos enseñaban voleyball, que creo que después del ajedrez es el deporte en el que menos se corre.

 Por suerte, en esa época,  Micheal Jordan la estaba rompiendo con los Chicago Bulls, y Adrían Paenza nos lo mostraba por TV. Ya dije que todo en mi ciudad se movía por modas, así que todos los niños y jóvenes empezamos a jugar al basquet.

Yo tenía una cancha cubierta (estando en Jujuy es importante recalcar lo de "cubierta") a media cuadra, y era el primero en llegar, y el último en irme. Por ello, no vaya a creer que yo era bueno. Nada más lejos de la realidad, pero sí aprendí a saltar (si, tampoco sabía saltar), y también a coordinar un poco.

Todo eso, sumado a que ya sabía correr rápido, arrancar y frenar de golpe (habilidades que se adquieren al evitar constantemente ser objeto de bullying) hacía que algunos pibes quisieran jugar conmigo. O, mejor dicho, no les importara tanto que jugara en su equipo. 

Lo importante de esa época es que podía correr sin ponerme morado. Entonces, haciendo volley en el colegio, y basquet en la calle, empecé a obtener la energía propia de un chico entrando a la adolescencia. Energía que no llegaba a gastar en el día, y por lo tanto rompía las pelotas a mis padres de tarde/noche, así que para completarla, me inscribieron en karate (que merece un post aparte, y va a ser el siguiente de la saga)

Pasó primer año y en segundo tuvimos la mitad del año volley, y la otra mitad handball. Para jugar handball Hay que dar pases con la mano, se puede botar la pelota, se pueden hacer 3 pasos con la pelota en la mano,  y en vez de un aro hay un arco. Es un basquet disfrazado, y como tal lo tomé.

En la escuela técnica, todos los pibes jugaban al fútbol, así que rápidamente me perfilé como "la estrella" de handball. Bah, exagero un poco, pero es mi historia y la cuento como quiero.

Estaba muy tranquilo con ese deporte, cuando al pueblo llegó una nueva fiebre: la del paddle.

Para aquellos que no saben, el arco de handball es mucho más grande que una paleta de paddle, por lo tanto, para jugar al segundo se necesita mucha (pero mucha) mas precisión.

Apestaba al paddle.

Pero de nuevo, la suerte estaba de mi lado e impidió que me frustrara: El papá de uno de mis amigos puso una cancha, en donde podíamos ir y jugar gratis. Así que nos pasábamos las mañanas de los sábados y domingos (que era cuando mejos gente había) metidos bajo un techo de chapa transpirando como en un sauna, pero menos quietos, golpeando la pelotita, las paredes y los alambrados.

Tercer año de la secundaria seguimos con handball, cuarto y quinto con basquet.

A esa altura, con el entrenamiento de karate, y los deportes a los que jugaba cada vez que podía, me permitían correr 7 kilómetros hasta una pueblo vecino a cortejar a una señorita. Los raro, es que iba con mi mejor amigo, que tenía las mismas intenciones. A veces íbamos en bici también.

Déjeme hacer un paréntesis en el tema deportes, y contarle cómo terminó aquello.

Siesta de verano en Jujuy, llegamos corriendo a San Antonio, y vamos directamente a visitar a la señorita, que nos esperaba para tomar el té con masas. Repito, por si no quedó claro: SIESTA de VERANO en JUJUY. Yo no entiendo siquiera cómo nos abría la puerta, con lo transpirado que llegábamos.
El tema es que tomamos el té, comimos las masas (absolutamente todas) y salimos a pasear a la plaza del pueblito. La idea era esperar el momento exacto para declararle nuestro amor.

En un imporivsado "piedra, papel o tijera" me gané el privilegio de ser el primero. Si tenía éxito, mi amigo debía desistir inmediatamente. Mientras caminábamos, él, con no sé qué excusa, nos deja solos.
Ella y yo nos sentamos en un banquito como a mitad de cuadra, y ahí, a boca de jarro, le digo: "Sabés que estoy enamorado de vos?"
No recuerdo qué me dijo, pero, como era de esperarse, fuí rechazado. Me levanté del banquito, me dirigí a mi amigo que estaba en la esquina, mientras él venía hacia mí. Nos cruzamos a medio camino. Me preguntó: 

- Y?, 
- No. 

Y continuamos nuestros caminos. Yo me senté en un banco en la esquina y él se sentó con ella.}
7.5 minutos después, lo ví venir solo. 

-Y? - pregunté. 
- Tampoco.

Y comenzamos a correr los 7 kilómetros de vuelta a nuestro pueblo, sin siquiera despedirnos. O pedirle agua para el camino. Así de bestia era.

Fin del paréntesis.

Finalmente llegó sexto año, en donde nos esperaba un profesor nuevo de educación física, que también enseñaba en la escuela comercial. Éste señor tuvo la idea de que las dos escuelas, rivales por naturaleza, podían hacer educación física juntas.

Primero trató de enseñarnos natación.
Qué clase de loco quiere que un ser de montañas nade?
Pasó lo que tenía que pasar: Uno de los chicos nadando estilo crol se cansó de bracear justo en medio de la pileta y, por fuerza mayor, improvisó el estilo piedra.
Por suerte el profesor estaba atento y lo sacó antes que tragara más agua. Se terminó natación.

Pero llegó la maldición: Empezamos a practicar fútbol. Yo no tengo nada en contra del fútbol, es más me encanta. Pero no en ese momento. Yo no quería jugar. Me sabía torpe y no quería pasar vergüenza demostrándolo.
- No, yo no voy a jugar.
- Tenés que jugar, o te aplazo.
- No. Aplazame y vemos, pero yo no voy a jugar.
- Dale! Te parás acá, y cuando viene la pelota, le pegás para allá, y listo!
- Uffff, ok.

Me paré en un sector, bien al costado de la cancha, con la esperanza que la pelota no pasara por ahí.
Pero pasó.
Todo el mundo sabe que es muy difícil resistirse a la tentación de no patear una pelota que viene hacia uno. Calculé la trayectoria y velocidad de la pelota, mi velocidad, el punto de impacto, tomé carrera, y tiré la patada con todas mis fuerzas. Lo que no había calculado (bah, ni había visto) era al otro chico, el  habilidoso, que venía detrás de la pelota, que llegó antes que yo, y con la puntita del pié desvió la pelota de su trayectoria original cuando mi pié ya estaba en curso impulsado por mi fuerza motriz, que finalmente impató en su pierna.

Fractura  de peroné.

Eso fué suficiente para que la directoria diera por terminada la actividad del fútbol, ganándome una puteada masiva de mis amigos.

Lo bueno es que gracias a eso empezamos rugby.
Me costó agarrarle la mano, pero lo hice, y es uno de los deportes que más me gustan.
El profesor pudo organizar un partido con una escuela de San Salvador. Una escuela que practicaba rugby los 6 años.
22 a 0 perdimos. 
Pero seguimos entrenando. Me hice bueno tackleando, claro, desatando a la bestia que en otros deportes debía estar atada… hasta que le quebré la clavícula a uno de la comercial.
Debo confesar que fue sin querer… a medias.
Yo me tiré a taclearlo fuerte, y sí con intención de lastimarlo. Lo que no tuve en cuenta fué la pared que estaba a escasos 50 cms de la cancha, así que parte de la culpa la tiene el profesor, por llevarnos a  jugar a instalaciones que no estaban en condiciones. De todas maneras disfruté que se quebrara, porque el otro pibe era un forro reconocido.

La cuestión es que también dejamos de jugar al rugby, y para aprobar educación física del último año de la secundaria, tuvimos que correr una minimaratón de 18kms. (6 hasta el dique la Ciénaga, 6 alrededor, y 6 más de vuelta). Por supuesto, los 18 kilómetros me fueron acompañando puteadas de todo calibre, de compañeros de ambas escuelas. Pero era de esperarse.

Mas tarde, seguiría sólo con las artes marciales, hasta llegar a Buenos Aires, y volver a jugar al fútbol, ésta vez con mucho, mucho, mucho cuidado.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Yo ingeniero: Wolf

Era un día de 3er año de la secundaria. Justo el día posterior a un torneo de karate, en el cual me habían choreado en el combate final. Creo que fué el día en el que estuve más enojado de mi vida.

No quería ir a la escuela, pero mi vieja en eso era implacable, así que fuí. Llegué tarde y tuve que esperar en la puerta de entrada a que terminaran el ritual absurdo de izar la bandera. Absurdo porque nadie le daba bola, no por el ritual en sí.
Cuando pude entrar, por supuesto, ya todos estaban en clase, incuído el profesor de "Estudio del Producto".
Era una materia interesante para un hombre, pero para un adolescente, un bodrio.
Entré al aula, dije "buen día" sin mirar a nadie y fuí derecho al banco del fondo, contra la ventana.

No era mi lugar habitual, siempre me senté en el primer banco, frente al pizarrón. Creo que porque desde siempre tuve problemas de visión.

Estaba en la mía, envuelto en ese halo negro de mal humor autogenerado, cuando escuché de refilón al profesor hacer una pregunta estúpida, de esas que son más porque el tipo está aburrido de hablar que esperando una respuesta. Yo rebufé en mi asiento, tratando de que se escuchara, pero sin que pueda identificar el origen.
Obviamente, me equivoqué. Supo inmediatamente de dónde vino.
Me llamó por mi apellido, y repitió la pregunta. Farfullé un "Acaso importa?" entre dientes.
Él repitió el la pregunta, yo ésta vez no respondí, pero levanté la cabeza y clavé mi mirada en el techo, suspirando.
Una muestra de falta respeto, lo amdito.

El profesor, que debía estar teniendo un mal día también, gritó "Venga a su lugar, usted se sienta AQUÍ" enfatizando la última plabra con un golpe sobre el pupitre que tenía frente a él.

Yo me levanté de mi lugar, caminé hasta donde estaba él, y con falsa inocencia le pregunté "dónde?"
"ACÁ", volvió a golpear la mesa del pupitre. Yo salté inmediatamente, cayendo sentado sobre la mesa, donde él acababa de golpear.
Sus ojos se abrieron desorbitadamente.
- Qué hace? - me dijo, con tono incrédulo.
- Lo que usted me dijo - contesté.
- No sea insolente, y bájese de ahí 
Pero usted me dijo que me siente acá! -golpeando con la mano el pupitre - Por qué no se decide? - levanté un poco la voz

Entonces, me agarró del del brazo, para obligarme a bajar. Yo levanté la rodilla izquierda a la altura de mi pecho, y puse el pié sobre la mesa mientras con la otra mano me aferraba al lado opuesto del pupitre, haciendo palanca para que le fuera más difícil moverme.

Y, como era de esperarse, basado en las leyes de la física fundamentametales, no pudo.
Fastidiado, tiré de mi brazo zafándome, y (también por leyes físicas, la de acción y reacción),  él trastabilló hacia atrás ridículamente, mantieniendo a duras penas el equilibrio, pero siendo suficiente para que mis compañeros soltaran una carcajada al únisono.

Fué lo que lo hizo perder el control.

Levantó el brazo, como para golpearme.
No sé si era un amague, o realmente lo quería hacer, pero no le dí tiempo.
Haciendo fuerza sobre el pié que ya tenía en la mesa, me paré en la misma, y salté hacie él, pegándole con la planta del otro pié en la cara.
Se fué hacia atrás, golpéandose la espalda y la cabeza contra el pizarrón, y un segundo después, yo caía enfrente de él, con una piña en su pómulo.
Mis compañeros de más cerca, se abalanzaron y me agarraron, mientras el profesor se recomponía. Tenía cortado el pómulo y le sangraba.

- Está expulsado - me dijo, mientras se secaba la sangre con un pañuelo -Salga ahora mismo.

Yo volví al fondo del aula, agarré mi mochila y salí al patio. Estaba yendo hacia la salida, cuando me crucé con la directora en el pasillo.
- Qué te pasa? - me dijo, al verme colorado como un tomate.
- Me agarré a piñas con fulano.
- QUÉ!?... pero cómo...!?
- Él me quiso pegar.

Me llevó de nuevo al aula e hizo salir al profesor.
Cuando volvió, no me dirigió la palabra durante el resto de la clase, pero antes de terminarla, se acercó y me dijo sólo a mí: "Vos y yo, en el canchón".

La escuela es una técnica, y tiene un tinglado detrás de todo, bastanta apartado del edificio, al que llamamos "el canchón" y es donde los técnicos prueban sus chirimbolos, y donde se arma la carroza para la Fiesta Latinoamericana de los Estudiantes.

Fué así, que al mediodía, mis compañeros varones (y otros), estábamos en el canchón. Ya habían formado un círculo cuando llegó el profesor.


Entró al círculo, me miró, y comenzó a sacarse la camisa

Yo no esperé tanto, Mientras se sacaba la camisa me acerqué y le pequé un trompazo en el mismo pómulo anterior, que comenzó a sangrar de nuevo. Se me vino encima tratando de abrazarme, así que retrocedí tirando dos piñas, una le rozó el ojo. Me agarró, y rodamos por el piso. Me levanté rápido y recibí una piña en la boca, retrocedí un paso, y cuando se me vino encima, salté dando una vuelta en el aire, y con una perfecta patada hacia atrás (ushiro geri) desde el aire, le enterré el talón enla boca del estómago, lo que lo dejó de rodillas sin respiración, y levantando la mano, pidiendo tregua.
Le dí la mano, lo ayudé a levantarse, y nos fuimos caminando sin decir una palabra, hasta el baño de los talleres de la escuela.
Ahí adentro mientras nos lavábamos, me dijo
- peleás bien.
- Tuve un torneo ayer, estuve entrenando.
- Disulpame por lo de ésta mañana en el aula.
- Yo tampoco estuve bien.
- Todo bien?
- Todo bien, claro.

Salimos de ahí abrazados.
Al otro día, un compañero llevó una revista "D'artagnan", en donde había un bárbaro, que estaba siendo entrenado por su maestro, y jusssssto en ese comic, le gana.
El bárbaro (y el cómic) se llamaba Wolf, y como yo también le había ganado al maestro, me quedó ese apodo por el resto de la secundaria.

Claro que, la única materia que me llevé en mi vida, fue "Estudio del Producto".

miércoles, 25 de octubre de 2017

Abducido

Ocurrió hace unos años.
Habíamos ido, unos amigos y yo, de campamento a unos cerros. No importaba cuál fuera, a nuestro modo estábamos explorando nuevas tierras.
Habíamos terminado el asado a la noche, la guitarreada, la cerveza y el fernet, y ya estábamos todos dormidos en nuestras carpas. Hacía frío afuera.
Alrededor de las 2 de la mañana, me desperté con la idea de orinar, así que me alejé un poco, en dirección a un cactus grueso que había como a 100 metros, cuando de repente una luz azul me bañó desde arriba.
Todavía mareado por el alto alcohol en sangre, me dio más curiosidad que miedo... hasta que empecé a levitar.
Ese haz de luz me estaba llevando!

Empecé a gritar como un desaforado: "Arieeeeel, Panchoooooooo, Ninjaaaaaaa" llamando a mis amigos... pero no vi a ninguno salir de la carpa. Segui subiendo hasta que apenas podía distinguir las carpas. Entonces el grito cambió de destinatario: "Bajenméeeeee culiados!" a quienes me estaban llevando.

Los gritos no duraron mucho... sabía que era inútil. Me dediqué q disfrutar un poco de la adrenalina de estar flotando. Probé si podía moverme o nadar en esa luz, pero con cuidado de no salirme, porque la caída seguramente sería mortal.
Era raro, podía mover todas las partes de mi cuerpo, pero no cambiar mi posición ni desplazarme. No sentía que me tiraran hacia arriba, sino mas bien como cuando uno se deja llevar desde el fondo del agua.

Justo cuando empezaba a ponerse aburrida la cosa, atravesé una membrana semipermeable, como cuando era chico y atravesaba la cortina de tiras del carnicero,  y me encontré en una habitación oscura. Empecé a caminar, despacio y con los brazos extendidos, tanteando para no llevarme por delante una pared... pero no encontré nada. Caminé en línea recta un rato largo, sin encontrarme con nada.
"Es imposible" -pensé- "No puede ser una habitación tan grande." Entonces, mi cerebro de ingeniero comenzó a crear teorías para explicarlo. La que mas me cerró fue la posibilidad que estuviera caminando sobre una plataforma móvil multidireccional muy bien aceitada, que se movia a la misma velocidad que mis pasos, pero en dirección opuesta.  Por supuesto, tenía que comprobarlo. Ahí en la oscuridad tiré unos pasos de break dance, hice el moonwalk, y terminé rodando en el piso, sin tocar nunca una pared. Claro, era tecnología alien, muy bien hecha!

Me acosté en el piso, mirando a la nada, y me dormí. Mi último pensamiento fue: "Por lo menos no me garcharon... pero justo tenían que experimentar conmigo cómo los humanos morimos de inanición... o aburrimiento?"

Me despertó un zumbido, que se hacía cada vez mas audible y sonaba mas cerca, pero por todos lados. No sabia de donde venia. En un momento al volumen quedo constante, y era molesto.

"Me hinché los huevos" dije en voz baja. Y empecé a saltar hacia arriba, pero en el aire desplazando la cadera, para no caer en el lugar de origen. Vieja técnica para ganar unos microsegundos en el aire de cuando jugaba al básquet.

Hice eso unas 20 veces, hasta que toque una pared metalica. "Si el zumbido me jode a mi, yo los voy a joder a ellos..." - pensé, y empece a golpear la pared lo mas fuerte que podía.

Nada.

Me saque las zapatillas y practique es solo de batería mas inspirado de mi vida sobre ese pedazo de lata.

Nada.

"Aliens sordos" -pensé.

Entonces se me ocurrio que quízas estos tipos eran tan avanzados que se comunicaban mentalmente, sin necesidad de hablar.

Empece a llamarlos con el pensamiento. Primero "diciéndoles", "Muchachos, vengan y hablemos, les cuento todo lo que quieran saber".

Nada.

Luego "gritándoles", "Aliens putos, no tienen huevos, vengan maricones, les voy a meter el rayito de luz azul por el orto, si tienen..."

Nada.

Y ya casi rendido, "Aaaaaalieeeeeensssss, VengaVengaPaCá, fuiiiifuifuifuifuiiiiiii (silbándolos como a un perro)".

Nada.

Empecé a seguir la pared con las manos, a ver a dónde me llevaba. Era toda lisa.

"Ni remaches usan estos hijos de puta... y yo que tuve que poner durlock..." pensaba mientras tanto.

Hasta que en un momento encontré un desnivel en la pared. Como una hendidura que iba desde el piso hasta supongo que el techo, porque tampoco sabía donde estaba el techo.

Metí mis dedos ahí, y tiré apenas, y era una puerta corrediza nomás.

Del otro lado, había una habitación llena de luces, botones, pantallas... todo eso para tocar!!

Entré mirando todo eso, y cuando mire para arriba, había como una caja flotando en medio de la habitación. Muy alta. Busque un botón que dijera "bajar caja", pero no habia letras ni dibujos ni íconos en ningún lado. Estos tipos no tenían idea de como hacer interfaces de usuario.

Asi que apreté un botón al azar. Cambió de color y no pasó mas nada.
Apreté otro, y otro y otro máas. Todos cambiaban de color, pero nada más.

Entonces, se me ocurrio que la cosa podría andar con secuencias de colores (al pedo usar tantos botones, pero bueno, eran aliens, pobres).

Primero puse en blanco un cuadrado de botones, y luego hice una "X" en rojo con algunos.
Seguia sin pasar nada.
Y ahí cai en la cuenta: Esos botones eran placebos! Como cuando uno mete una rata en un laberinto para ver que hace.
Lo interesante de ver la rata, es que uno se sorprende si hace algo inesperado, asi que saque mi cortaplumas del bolsillo y empece a destapar todos los botones. A la mierda las lucecitas.

Y ahí si, la caja bajó. Claro, si les rompes el equipo aparecen estos culiados.

Terminó de bajar, y era como de espejos, no se podía ver para adentro. Pero estaba seguro que de adentro para afuera si me podían ver.

Lo primero que hice fue subirme a la caja, por si se volvia a levantar, yo me iba con ella (si, veo muchas películas de acción), pero cuando subi, toque un hilo, muuuuy finito que sostenia la caja. Cortapluma en mano, trate de cortarlo, pero no pude. Tampoco pude con los dientes. Asi que empece a practicar malambo arriba de esa caja. Y zarandeo. Repiqueteo.

No tardo en abrirse un costado y de ahí adentro salio un bicho palido, flaco, con ojos saltones, que se comio un rodillazo en la cabeza cuando le salté encima y quedo tirado en el piso.

Yo tenia razón! Desde adentro de la caja, si se veía para afuera, y tenia otros botones y otras palanquitas (Pero también sin letras ni dibujos ni iconos. No se como entrenan a los juniors estos tipos...)

Toque un botón y en una de las pantallas apareció el espacio. Congelado, quieto.
Debe haber estado viendo "Gravity" en una especia de Netflix  y la puso en pausa pensé, pero rápido me di cuenta que estábamos en el espacio!

El bicho se movio un poco en el piso, fui y lo agarre del cogote. Era tan flaco que mi mano le rodeaba todo el cuello.

Con la otra mano me señale, y señale para abajo. El bicho estiro la mano, y toco unos botones en el costado de la caja. En la pantalla apareció el rayo azul que llegaba hasta la tierra.

Y ahí se me occurió otra cosa, muuuuucho más interesante.

Solte al bicho y le hice señas de que quería un papel y lápiz. De adentro de la caja saco una pantalla en blanco y me la dio. Claro, yo boludo quieriendo papel y estos me dan una tablet.

Dibuje con mi dedo unas carpas, y dibuje a 3 monigotes, se lo mostre. El bicho me miro. Luego dibuje el rayo azul sobre mis amigos, y se lo mostre. El bicho no se movio, pero juro que sonreía.

...

Luego le dibujé un robot con tentáculos.

...

Con el bicho estamos mirando a mis tres amigos en la habitación de al lado, de paredes metálicas, corriendo. Escapando de un robot que amenaza con explorar sus cavidades con sus tentáculos.

Yo acabo de dibujar en la tablet el rayo azul trayendo hamburguesas y gaseosas.

El bicho no lo sabe, pero cuando me aburra, mis amigos y yo vamos a ir en su nave a su planeta, y los vamos a hacer poronga. Por hijos de puta.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Yo Ingeniero: Mi primer beso

Como todo ingeniero auténtico, también era un nerd por naturaleza, y mi relación con los especímenes de género femenino era difícil.

No, no… perdón, no era difícil. Era imposible.
  
Bastaba con que una nena linda me mirara directo para congelarme y temblar a la vez. ¡Y era mucho peor si me hablaba! No podía pronunciar palabra, y me salía un "hiiiiiiiiiii" finito. Si la situación se mantenía por un tiempo más o menos largo (más de 10 segundos) me bajaba la presión y se me aflojaban las piernas. No llegué nunca a desmayarme, pero creo que sólo porque huía despavorido.

No debía de quedar muy elegante salir corriendo como un poseído por demonios, tratando de mantener el equilibrio y con un chillido agudo. Esto ocurría así, literalmente. Todavía me ocurre a veces… y ya soy un adulto crecidito.
  

Claro que, como todo nerd que se precie, trataba de buscar una explicación lógica para mi comportamiento, sin éxito.

¿Qué hubiera sido lo lógico? Que si me gustaba, yo pudiera decírselo. Y si yo le gustaba a ella, nos besáramos ¡y listo!

Pero no, no podía.
  
Así fue como con cada situación, iba acumulando experiencia, sacando conclusiones, a fin de poder resolver el problema (que es, en definitiva, lo que los ingenieros hacemos)
  
Situación 1: Mi primera declaración de "amor", fue en la plaza. Tenía unos 6 años, Iba en el portaequipaje de mi bici, que manejaba un amigo, a una chica que estaba sentada en un banco, con otras 5 chicas. Paramos en frente de ella, y le dije "Fulana, me gustás". No hubo respuesta, sólo risas hirientes. De ella, de sus amigas, incluso de mi amigo! 
Yo sabía que ella gustaba de mí, así y todo, no me lo dijo. 
Aprendizaje: Las mujeres son irracionales. Y mi amigo es un ex-amigo.

Situación 2:  A la edad de 7 años, me gustaba una compañerita de segundo grado. Estuve esperando eternamente a que se diera el momento propicio para hacérselo saber. Y cuando digo eternamente es literal: a fin de año se cambió de escuela.  
Aprendizaje: El tiempo no espera a los lerdos.
  
Situación 3: En tercer grado, me gustaba otra compañerita, pero -maldita vida- también le gustaba a mi mejor amigo. 
Mi mejor amigo y yo peleamos por la niña, claro que ella nunca se enteró, porque si bien teníamos huevos para trompearnos, no los teníamos para dirigirle la palabra.
Aprendizaje: Al parecer hay competencia por las mujeres.

Situación 4: En cuarto grado, tuvimos una compañerita nueva, mucho más desarrollada que el resto, y si bien en aquél momento no tenía ni idea qué me pasaba, lo único que quería era estar cerca de ella. Hoy lo definiría como una calentura galopante. 
Aprendizaje: Las tetas nos vuelven locos desde chiquitos.  

Como puede ver, lector, uno, como buen ingeniero, va acumulando experiencia, y tratando de acomodarla en su mundo lógico, pero es que ¡tal lógica no existe! Es entonces cuando uno desarrolla un pavor por las mujeres. Pasan a estar en la categoría de fenómenos paranormales, que no tienen explicación pero que son capaces de afectarnos. Si, como los fantasmas.
  
Aunque la naturaleza es sabia: Así como los flechazos llegaban a montones, las heridas se curaban muy rápido. Claro que también tiene sus fallas: Le dio la testosterona al más estúpido de los géneros.
   
Las peleas entre varones por las chicas comenzaron a ser frecuentes. Imagínese lector, que yo peleaba como un nerd... así que muy bien no me iba.

La mayoría de las peleas (si no todas) eran porque una chica nos gustaba, pero ella no nos conocía… ni nos conocería nunca. Repito, la naturaleza nos hizo hombres y estúpidos.
  
En quinto grado, todo venía más o menos bien, sin polleras de por medio, jugábamos al fútbol en el recreo y esas cosas de verdad entretenidas. Fue por entonces que escuché a uno de mis compañeros admitir que le gustaba una chica del otro quinto. "Es mi novia" decía él. Boludeces de chico que uno dice. Nunca habían siquiera hablado.

El tema es que ésta chica nueva, del otro quinto, empezó a ser tema de conversación entre mis compañeros, y yo, colgado como siempre, ni sabía quién era.

Hasta que la vi.

Esa, la primera vez que la vi, me quedó grabado a fuego. Fue como un flechazo que te atraviesa el cráneo. Era hermosa. Recuerdo la sensación a la perfección: Fue como dejar de respirar y de sentir todo. Como si su presencia y su belleza me hicieran desaparecer (a mí  ya  todos) del patio de la escuela. Dejaron de existir los sonidos, los colores, el tiempo. Todo.

La idiotez de los hombres crece al mismo ritmo que el resto de los órganos vitales.

Por supuesto, no tenía ni idea de cómo acercarme (o moverme, para el caso). Tampoco podía hacer planes sobre ese terreno desconocido. Yo era tan distinto a mi compañero, que le escribía mensajitos y se los hacía llegar con una amiga (generalmente la feucha del grado). 

Y así seguí, sin saber qué hacer con todo eso que me pasaba, hasta que un nuevo rumor llegó a mis oídos. Ésta piba se besaba con uno de sus compañero. EN-LA-BO-CA!


Yo no lo podía creer! Invadido por los celos (sin motivos, obvio. O sí, totalmente fundados. Bah, no sé…), fuí y la encaré. ¿Para decirle que me gustaba? Noooo, ¡eso era imposible! Fui a hablarle para otra cosa muchísimo más importante: Fui a contrastar los hechos con la fuente. (¡Que uno es nerd sobre todo! Y estúpido, por ser hombre)

Cuando la tuve de frente le dije, con toda autoridad:  
- ¿Vos te besás con fulano?
- Sí.
- ¡No te creo! ¡A ver! ¡Mostráme! 

Claro, "fulano" estaba al lado de ella, pero yo no lo había visto. En realidad, cuando la veía a ella no veía a nadie más. Lo agarró del cogote y le metió un beso de esos que te dejan con los ojos abiertos a esa edad… y el corazón destrozado. 
  
No recuerdo nada más que sea relevante ese año, pero al año siguiente, apenas empezadas las clases, su amiga, la feucha, me trajo un papelito de parte de ella.  Lo abro, y decía "¿Querés ser mi novio?". Salté, corrí, me tiré al piso, di unas vueltas (creo que inventé el break dance), grité, aullé… y le dije (todavía desde el piso), con toda la flema inglesa que ameritaba la situación "que venga ella y me lo diga en la cara". Y sí. Así, así, así de estúpidos somos los hombres. 
  
La amiguita desapareció, y volvió, pero…  "Oh Dios! Viene con ella!", y no tenía para dónde correr!

 Se acercó, y me dijo: 
- ¿Querés ser mi novio?
- Hiiiiiiiii
- Bueno, hablamos después,

Y se dio vuelta y se fue. Yo estuve sin respirar 15 minutos, y calculo que tuve mis primeros 4 infartos en ese tiempo.
  
¡Pero ya tenía novia! ¡Y nada menos que la más linda de la escuela!  

En los día siguientes a eso, yo soñaba con darle un beso, y a la vez me moría de vergüenza, así que le dije que tenía que  ser en un lugar donde estuviéramos a solas (jamás hubiera podido, como su compañero, darle un beso delante de todos. Y tenía entre 10 y 11 años, o sea, que por una buena educación de mis padres, todavía no sabía que el alcohol ayuda en esas situaciones).

Pero claro, se complicaba obtener un poco de privacidad en la escuela (no sé por qué no éramos novios fuera de ella… supongo que porque jugar a los autitos y jugar con los amigos era mucho más interesante)

Una vez, en una galería cerrada estuvimos a punto, pero un pendejo hijo de puta (que durante mucho tiempo fantaseé con matarlo a machetazos) gritó "¡viene la señorita!" y salimos corriendo con el cagazo del siglo. 

Seguimos planeándolo por días, hasta que otro compañero, cansado de tanto circo, nos encerró a ella y a mí en un aula en donde se guardaban las sillas. No sé de dónde fue que saqué el valor, y le dije "Vení, preciosa", tomándola de la cintura (o quizás dije "hiiiiiii" y me acuerdo mal). Y en un instante, sentí sus labios sobre los míos. Ella me besó a mí, como era de esperarse. ¿Cómo iba yo a besarla, si de nuevo, no podía ni moverme?

Y pasó lo inesperado: ¡Ella salió corriendo!  

Tiempo después dejamos de vernos, creo que porque ella después fue  novia de un compañerito mío. Y después de otro. Y de otro más. Yo entré a la adolescencia, en donde los hombres nos volvemos más idiotas. Sería algo así como el supersayayin de la idiotez.
   

Y las mujeres en la adolescencia del ingeniero es un tema serio que merece ser tratado en otro(s) capítulo(s).